Spin-off

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martes, 11 de julio de 2017

Capítulo 9: Andante Cantabile de la Reina y el Príncipe

Sparda, Ibidem
Vládimir

    El feliz regreso de mi corto viaje a Praga se vio empañado por una noticia que me disgustó: Aria Murdock Morningstar, hija de la Señora de Arkadia, había sido atacada por un Blood Drynka la noche anterior a mi regreso y en los noticiarios ya empezaban a especular. 
    Lancé el mando a un lado del sofá.
   La nación que lidero fue llamada Rusia en años pasados, el Rey Grigori jamás había podido poner sus manos aquí porque fue mi padre, por medio de uno de sus hombres, quien levantó esta gran nación. ¿Sería esa una de las razones por las que se había aferrado a atacarme y mal ponerme ante el resto, porque no tenía el control de todo el exterior? Él no conocía a mi padre biológico y a mi padre de adopción nunca le dio tantos problemas.
     Cuando cumplí doce años y antes de la muerte de mi padre me dieron una misión que acepté por él, y por mí, quería ayudar a encaminar este lado hacia la dirección que tomó nuestro hogar. La tranquilidad en nuestro Imperio, el Imperio del pueblo que humanos y Blood Drynka's ayudaron a levantar, debía ser contagiada a este lado de la barrera que nos protegía para que Assiah tomara un rumbo distinto al que estaba destinada a tomar: la destrucción inminente.
   Al llegar aquí, y por protección, adquirí el apellido Szentes del amigo de mi padre, pero el nombre que me dieron en honor a uno de los alias de mi abuelo jamás me lo quité. 
   Era parte de algo grande y hermoso, labré mi propio camino, demostré desde muy niño que mi destino lo hacía yo no la sangre que corría por mis venas, no los genes que me unían a la Primera y la Última; a veces me preguntaban si no sentía presión, mi respuesta era la misma: No es fácil ser Su sobrino, siento que esperan mucho de mí, pero a veces también siento que me habla, susurra que no haga caso a palabras mezquinas, que sea siempre yo. Todos somos únicos. La primera vez que escuché esas palabras, justo a los doce años, la presión desapareció para no volver, no sentía la carga porque Ella me acompañaba y con Ella mi padre, mi madre, mis tías.
    Me hice mayor y conocí lo que era guiar a una nación, soy guía como lo fue mi padre quien hizo un trabajo impresionante, era mi ejemplo. Y hasta el momento Ibidem se había mantenido sin conflictos de ningún tipo, era Azazel, el Rey Grigori del que tanto escuché hablar, el que quería derramar sangre. Comenzaba a provocar con ahínco sin que le temblara el pulso a la hora de poner a su propia hija en peligro, porque el atentado del que me culpaban fue dirigido por él, lo ocurrido en la frontera donde murieron miembros de mi Guardia y de la Guardia de la Señora de Arkadia fue una trampa para llamar a un enfrentamiento. Y ahora el ataque a Aria Murdock era otro falso positivo, de eso no había dudas.
   Menos mal Ivel Morningstar no caía en provocaciones, estaba dispuesta a investigar lo sucedido en los primeros dos casos y esperaba que lo hiciera con el último; desde que tomó el Señorío de Arkadia hemos cooperado para que nuestras respectivas naciones se mantengan en paz, había notado que no era como su padre, aunque mi tía Amelia y mi madre decían que con ella y sus hermanos nunca sabían qué esperar.
   La única buena noticia que disipaba el cabreo provocado por lo que se decía en los medios de comunicación era la marcha del ejército de Azazel que se había formado en la frontera para "proteger" los dominios de su hija menor. Yo ordené la retirada de mis tropas también, sólo restaba investigar y poner en evidencia al Rey Grigori, confirmar lo que sospechábamos.
   Sí estaba harto de las falsas acusaciones, no mentiría sobre eso, yo nunca atentaría contra la vida de alguien. Así le enseñé a mi hija a comportarse, así me enseñaron.

-Te vi desde la ventana-dijo mi madre parándose a mi lado-. ¿Vienes por consejo?-preguntó.  

   Estábamos de pie frente a la placa de mi padre que hice poner en su honor bajo la sombra de un árbol de cerezos que siempre estaban en flor por encanto de mi abuela. Era el tipo de árbol que gustaba a mi padre.
    El enfado había llevado mis pasos hasta allí.
-No busco consejo, sino calma y éste lugar siempre me la da-respondí, mi madre frotó mi espalda-. Lo echo de menos. Pienso en él cada día, y en encontrar a su asesino.

-Vlád, la venganza no trae nada bueno.

-Es justicia.

-Amelia también intentó convencerse de que lo que hacía por tu tía Luna era justicia y terminó adicta a ese tipo de "justicia", quien haya sido tendrá su merecido. Ley de Assiah.

-Las leyes de Assiah no aplican a quiénes le juraron lealtad a Eloah, Él sabe recompensar.

-Cuidado, Vládimir-advirtió.

-Bromeo, pero también es verdad. Mi padre fue un hombre justo, su asesino no pudo ser otro que un Agente de Dios. El karma no existe-le recordé.

    Vadhir Cassul fue el primero que reinó en el Imperio Eurasiatico, o AustroTurco como lo llamábamos nosotros, Imperio Austriaco para los del exterior. Por consejo de su hermana melliza ascendió el mismo día que ella cayó en un estado de hibernación perpetua para salvarnos de algunas leyes de Assiah, el mismo día cayeron los Ángeles de su lugar en los Cielos, el mismo día Eloah se escondió y no se volvió a mostrar.
  Vadhir Cassul, mi padre, instauró la paz en Eurasia y no lo hizo solo. La gente empezó a aprender lo que era colaborar, tratarse con respeto, a decir No a las guerras sin sentido que por siglos arrebataron vidas, se levantó una hermosa convivencia entre humanos y Blood Drynka's que daba gusto verlos caminar bajo el mismo cielo, ya no había qué temer; no fue un trabajo sencillo, pero lo difícil siempre venía con recompensa y no hubo excepción a la regla porque mi padre y sus amigos y colaboradores no se rindieron, siguieron adelante esperanzados, confiando en la confianza que Sahar, mi querida tía, depositó en mi padre.
   Entonces pasó algo que nos puso en alerta e hizo sonar fuerte las alarmas en Eurasia, antes de mi cumpleaños número quince Vadhir fue asesinado y aún hoy no habíamos dado con el culpable. Lo único que nos mantuvo en pie tras su muerte fue continuar con su legado, no podíamos caer, y lo que nos hacía sonreír cada día era saber que estaba en el lugar del que su hermana melliza provenía, el lugar al que ella le dio vida y un cruel Demiurgo plagió. El Origen. El Cielo Verdadero.
   Su lugar lo tomó Rafaella Montmorency, mi padre la estuvo entrenando para tales fines porque mi madre no quería el puesto, Amelia declinó diciendo que su lugar estaba aquí en el exterior apoyándome en lo que fuese necesario. 
   Rafaella subió al trono y guiaba al Imperio asistida por otras personas, entre ellas el secreto mejor guardado de nuestra familia y mi pesadilla.

-Al menos sonríes-comentó mi madre.

-Pensaba en alguien no tan desagradable-contesté rodeándole los hombros con mi brazo. Ese alguien prefería pasar desapercibida ocultar su identidad, ayudar desde las sombras-. Bonitas extensiones, mamá-comenté caminando con ella de regreso a la mansión, Paloma se acarició un mechón castaño.

   Entramos a la casa y ella corrió escaleras arriba.
  Paloma fue la esposa de mi padre, después de que él decidiera convertirse en Blood Drynka ella lo hizo también, no era mi madre biológica. No sabía ni he querido saber quién es mi madre biológica, sólo sé que mi padre tuvo un desliz que Paloma perdonó y desde que nací y mi padre me tomó bajo su custodia ella se ha portado bien conmigo. A ella le debo tanto.
   Cuando volvió a bajar noté que se había quitado las extensiones, cogió el mando del sofá y apagó la televisión. 
-Seamos prácticos e ignoremos el mundo de locos por un rato-sonrió.

-Buena idea, ¿pero por qué te has quitado las extensiones?

-Las usaré esta noche en una fiesta a la que nos invitaron.

-No estoy para fiestas, Paloma, tengo mucho que hacer. Por ahora ir a la empresa y revisar los nuevos artilugios tecnológicos.

-Aburrido, ¡odio la tecnología!-exclamó levantándose-. ¿Quién va a acompañarme, Vlád? Todos en esta casa me ignoran, me hacen falta Crecia y Valéryk-comentó saliendo de la estancia.

   ¡Qué dramática!
  Con Crecia se refería al diminutivo de Lucrecia Zarasúa, una amienemiga de la familia con la que se llevaba bien. Valérik era mi hija de catorce años y su otra compañera de juerga que estaba en un internado en Praga de donde yo acababa de volver, fui a visitarla y de paso dejé a algunos escoltas para que cuidaran de ella. Toda esta tensión con Azazel podía ponerla en medio de un fuego que venía de un solo lado.
   Subí a mi coche y salí de las inmediaciones de la mansión frenando de golpe al doblar hacia la izquierda porque vi a una mujer vestida de negro recargada en una de las esquinas de la casilla de seguridad, tenía un cigarrillo en la mano derecha, los labios de rojo carmín y el pelo oscuro. 
   Bajé del coche, ella sonreía y no hizo ningún movimiento de querer acercarse, cuando quise hacerlo yo no pude mover las piernas. Llevaba perdida años y a su regreso me viene con esto, he allí mi pesadilla.
   Se dio la vuelta para marcharse.

-Como Amelia se entere que andas rondando en el exterior se pondrá furiosa-dije en un tono normal, sabía que me escucharía pese a que había empezado a andar.
    No podía verla pero supe que rió, dio media vuelta y cruzó los brazos.

-No sé qué es más ridículo, que me trates como a una niña o que pienses que le tengo miedo a la Bruja Maldita.

   Desapareció frente a mis ojos, recuperé la movilidad de mi cuerpo al instante y subí a mi coche.
    Así era ella, iba y venía, solitaria, no le rendía cuentas a nadie. El mundo la amaba pero no era la clase de amor que le hacía falta, no deseaba gloria, escupía en ella y prefería que creyeran que había muerto, ella misma prefería seguirles la corriente y creerse muerta, en estado de hibernación con Su único y verdadero amor.
   Crecí con la historia de ambas, un romance que saltó cada barrera que se levantaba en su camino y la última terminó por separarlas, sin embargo ella cambió su mortalidad por una eternidad al lado de su amada, aguardando Su regreso.
   Apagué la radio, el motor y bajé del coche. Le lancé la llave al valet, saludé al portero de SaharGlobal y entré; el nombre permanecía porque así lo habría querido mi abuelo, la primera corporación que él manejó llevaba ese nombre por su amada hija. Mi tía, la Bella Durmiente. Paloma aseguraba que a Sahar no le habría gustado el mote.
   El edificio fue inaugurado antes de mi nacimiento, las filiales se repartían por varias partes del mundo, el único territorio dentro del Imperio Elohim que aceptó trabajar con nosotros fue Arkadia y todo gracias a Ivel Morningstar. 
  Trabajábamos con varias farmacéuticas y creábamos aparatos tecnológicos que no hicieran daño al medio ambiente o a la gente que hacía uso de ellos, la fabricación de armas no era prioridad porque nuestro objetivo era la salud, el bienestar de las personas no que se estuviesen matando entre sí; para fabricación de armamento ya estaban las empresas ligadas al Rey Grigori.     

-Amelia-dije entrando a mi oficina, mi tía estaba pegada al teléfono.
-Vládimir, querido niño, buenas tardes. Espérame un momentito. Quiero el nombre del Blood Drynka que atacó a Aria Murdock, su nombre y el Clan al que pertenece-ordenó a quien estuviera al otro lado del teléfono-. No me importa el cómo, consíguelo y punto, no dejaré que pongan en riesgo la vida de inocentes por capricho de Azazel porque esto es cosa de él para perjudicar a mi sobrino.

    La rubia colgó, miré a Dorian que estaba sentado en un sofá enfrente del escritorio quitándose la corbata gris que llevaba y guardándosela en el bolsillo.
-Amelia, ¿qué haces aquí? Ni cuando el consejo directivo se reúne vienes-le dije a mi tía.
-Se le llama control de daños, mi amigo-argumentó Dorian-. Toda acción violenta Blood Drynka no sólo corresponde a Ezio Fortuna manejarla, sino también a nosotros, de cara al público él debe responsabilizarse, cuando baja el telón actúan los Ejecutores. Nosotros.

-Estás en todos los noticiarios, te están culpando-dijo Amelia-. Nos enteramos del ataque a Aria Murdock al llegar aquí, vine porque quería saber cómo estabas, me preocupa lo que Azazel está haciendo para desprestigiarte.

-No ensuciará mi nombre, quienes crean en sus alegatos será porque no me conocen bien-respondí.

-Azazel es peligroso, si no consigue lo que quiere del modo en que lo está haciendo recurrirá a otras medidas. Tu hija por ejemplo-dijo Dorian-. Por ahora está buscando excusas con los ataques a su propia familia, pero al ver que no está sirviendo irá a por uno de tus seres queridos y Valérik es la única que se te conoce, tu hija.

   Por eso dejé a personas capacitadas para protegerla, mi esposa murió producto de una enfermedad cuando Val tenía cuatro años, no quiso convertirse en Blood Drynka, quiso morir como humana y se lo concedí. Cuando llegara mi hora quería lo mismo, y reunirme con ella en el Origen, donde sabía que estaba con mi padre y mi abuelo.
     Valérik era la única familia que el mundo me conocía. Ninguno de los que conocían a Amelia y compañía sabían que yo formaba parte de esa familia.

-¿Sabes qué es lo mejor?-preguntó Amelia sonriendo-. Que ignora que eres mi sangre, y que atacándote me está atacando a mí, puedo devolverle lo que te haga.

-Por ahora sólo quiero traer a Valérik, la próxima semana saldrá de vacaciones de invierno y cuando acaben la convenceré de que no regrese a Praga.-Mi tía asintió respetando mi decisión, me senté al lado de Dorian-. Cuando sepas quién atacó a la hija de Ivel Morningstar, ¿me lo dirás?

-¿Por qué?

-Me encontré con Lord Reinhard en Praga, dijo que uno de sus hombres desapareció sin dejar rastro. Joseph Hildegard es su nombre, según Reinhard no se sabe de él desde hace tres meses, la última vez que fue visto estaba en un pub de Ciudad Palacio, Londýum.

    Amelia y Dorian compartieron una enigmática mirada.

-¿Qué pasa?-pregunté.

-Que no sería la primera vez que Azazel usara a los Blood Drynka para hacer su trabajo sucio-respondió una mujer a mi lado. Dorian y yo nos levantamos de un salto, ella rió-. Hola Bruja Maldita-saludó a mi tía.

    Se había cambiado de ropa, el color de su pelo ahora era rubio y lo llevaba ondulado por encima de los hombros; sus labios seguían pintados de rojo carmín, la camisa blanca que tenía puesta era de fina seda y la falda larga color crema también. 
   Cruzó las piernas y nos miró a los tres.  
-¿Qué?-dijo-. Parece que han visto un fantasma.

-¿Te quedarás a cenar, tía Faye?-le pregunté. Entre Dorian y yo cogimos a Amelia cada uno por un brazo porque estuvo a nada de atacar a Faye.

-Si tú invitas, Vládi-sonrió.

-Ya no soy un niño, tía-dije riendo nervioso, Faye Vesper conseguía ese efecto en cualquiera que la conocía y conociera de antaño, era una mujer hermosa que despertaba envidia y deseo por igual en las mujeres, y tan sólo deseo en los hombres.

-Para mí lo serás aunque cumplas ochenta.-No borraba la sonrisa de sus rojos labios.

-Se supone que estás muerta, no deberías estar aquí, tu lugar es con Rafaella en el Imperio-farfulló Amelia liberándose de nuestro agarre.

-No estoy en el exterior por gusto, preferiría mil veces estar al lado de Sahar ahora mismo que en este lado del Infierno, pero Circe envió a un vasallo suyo con un mensaje para mí. Al parecer Isaak Pendragón está haciendo tratos con Azazel, esas son licencias que no le corresponden.

-¿El esposo de Rafaella Montmorency está aquí en el exterior?-inquirió Amelia.

-Sí, firmó un tratado de cooperación mutua entre Eurasia y Londýum, ¿por qué? No sé, pero Rafaella no estaba enterada, sí sabía que venía a visitar a Ezio y a Nina en Roma, éste desvío es una sorpresa para todos.

    Faye se puso de pie y delante de nosotros cambió su atuendo y el largo y color de su cabello, dejándolo en un tono rubio más claro, casi plata.

-Voy a buscarlo para que me dé algunas respuestas-añadió.

-Mantenme informada, y recuerda que no puedes dejarte ver-dijo Amelia pasando por su lado hacia la puerta, Dorian cogió su saco y la siguió.

    Faye me abrazó cuando escuchó la puerta cerrarse.

-¿Por qué no te me acercaste hace rato?-le pregunté separándonos.

-Quería probar algo que aprendí, estoy practicando mi forma de transportarme y cómo paralizar el cuerpo de alguien, me pregunto si con la parálisis puedo matar-dijo pensativa.

-Haz el favor de no probar eso conmigo-pedí levantando las manos, ella rió-. Cambiaré mis planes, ¿te apetece almorzar conmigo?

-Si cocinas, cariño.

    Nos encaminamos hacia el elevador, la gente de las oficinas y quienes caminaban por los pasillos con papeles en mano se quedaban boquiabiertos y ojipláticos al verla pasar. Ella no hacía caso, pese a que Sahar llevaba años dormida a Faye no se le conocía amante; por momentos se le notaba una mirada triste, melancólica, añoraba a su amada

-¿No te van a reconocer?-le pregunté presionando el botón del vestíbulo.
 -No sé de qué se preocupa Amelia si ya soy una Mäister en metamorfosear mi apariencia-aseguró-. Antes dejé que me reconocieras.

   Sonreí asintiendo, ¿de dónde sacaba la fortaleza para estar en calma?

-Sahar estaría orgullosa de ti-comenté.
  Noté su malestar al escucharme nombrarla, le dolía, era toda apariencia para soportar lo mucho que la extrañaba. Podía entenderla porque me pasaba lo mismo después de perder a mi esposa, aún habían noches en que no conseguía dormir, pero ella llevaba noventa y siete años teniéndola y al mismo tiempo no.
   Sahar estaba en una cama, en un Palacio sobre el agua alejado de toda civilización mientras Faye no se apartaba de su lado salvo que fuera estrictamente necesario, y aún así le costaba separarse de ella.
    Como ahora.
















Faye
   
   Creí que no tendría que volver en un buen rato al exterior, que mis días seguirían reducidos a quedarme al lado de Sahar en el Imperio, en nuestro palacio escondido de la gente como el que alguna vez fue nuestro hogar en Providencia.
   Supuestamente morí hace cuarenta años, Circe se encargó de que así lo creyeran Azazel y su familia, y en Eurasia se escenificó un funeral. Morí de vejez al lado de mi amada dormida, nuestro cerrado círculo familiar era el único que conocía el secreto que llevo guardando desde la noche antes de Su marcha; y pedí, les pedí una tregua, no quería luchar más, necesitaba esperar Su retorno a su lado. Ser lo primero que ella viera al despertar.
  Ayudé a levantar parte de las ciudadelas en el exterior, sobre todo Rusia refundada como Ibidem, y también le fui de ayuda a Vadhir dentro de la barrera invisible que Sahar levantó para protegernos. Formé parte de la resistencia al Rey Grigori, habían personas que no aceptaban a éste supuesto Divino Salvador y lucharon para no someterse a él y su celestial familia angelical. Nosotros no desmentimos verdades porque tenían razón en desconfiar del que algunos proclamaban Mesías.
  Años de paz en el interior de la barrera como años de enfrentamientos y paz gris fuera de ella. No esperaba tener que volver a esto, pero tampoco podía enviar a Vit aquí, Circe no confiaba en cualquiera y yo tampoco; Ezio Fortuna tenía su misión en el exterior, Drako estaba ocupado formando parte de la Guardia Imperial, ayudando a que la paz no fuera corrompida como ocurrió con la muerte de Vadhir hecho que seguía investigando a escondidas.
   Amelia y Dorian tenían deberes en la Orden Negra, se preparaban para el pronto regreso de Sahar, vigilaban el comportamiento no sólo de Azazel sino de los distintos seres sobrenaturales que vivían en el exterior, seguían siendo nuestra responsabilidad. Y además estaban atentos a cualquier vestigio del regreso de Eloah, antes de caer en hibernación Sahar dijo dónde se encontraba pero no lo encontramos.
    Entonces tomé las palabras de Circe que envió por medio de un mensajero y salí de mi refugio adquiriendo otro rostro, la metamorfosis fue una habilidad que aprendí de la Maga. Circe estuvo encantada de enseñarme, y aún más feliz cuando desvelé que acepté la inmortalidad que Sahar quería compartir conmigo desde que empezó a temer perderme.

<<-¿Y si te dijera que escribí mi historia contigo mucho antes de que hubiese civilización en Assiah?-Esa pregunta que salió de su boca la noche antes de que todo pasara rondó por mi cabeza durante mucho tiempo, y no abrí la carta que me dejó si no hasta cumplidos tres años de su partida.

"La Caída fue estrepitosa
Se abrió el negro Abismo y caló la Luz
La Tierra tembló ante su roce, y sólo un roce bastó para Amar
Salto de tiempo
Simbiosis de Alma y Espíritu
Espíritu y Alma que no son lo mismo
Canción de Eternidad se escucha en los Salones:
"Así fue como el Cielo conoció a la Tierra y se enamoró..">>

  Lo entendí, sin tener que preguntarle a nadie entendí que nos conocimos antes, en su primera llegada a Assiah y Circe sólo me lo confirmó y me ayudó a ver lo que ella vio. La única vez que tuvo una visión de Sahar, que la pudo ver en una de sus visiones resultó ser muy allá, en el profundo, lejano pasado. 
   Reina Heredera legítima de Assiah me llamó la Maga, una reina sin corona, la primera de la Creación, hija humana del Demiurgo. Humana, sí, mi cuerpo no era un ataúd que aprisionaba a otro ser, mi cuerpo era mío y fue tocado por la Diosa en aquella su primera vez en Assiah sin que ella se diera cuenta, sin que mi Creador lo notara. Daba gracias porque fui ignorada por Él, porque viviera pensando que me destruyó como hacía con las creaciones con las que no se sentía satisfecho pues no le llegaban a las suelas a los hijos de el Origen.
    Tiempo atrás fui de Sahar y desde entonces volvíamos a ser la una de la otra.

-Quiero hacerlo-dije decidida esa noche. 
    
  Si ella había elegido cuidarme desde lejos, yo elegí ser su guardiana mientras estaba en ese viaje.

-¿Otra vez? Por mí no hay problema, pero tú....-bromeó.

-Sahar, es en serio-reí.

  Estaba sentada entre mis piernas de espaldas a mí, ambas desnudas después de hacernos el amor con ganas, con ella nunca faltaban y las fuerzas sobraban.
   
-Acepto tu inmortalidad como mía, Mi Amor-le susurré al oído.

-¿Segura?-susurró.

-Más que de mi amor por ti-sonreí citando una frase que le escuché decir esa mañana. Ella se giró y me besó profundamente despertando mi cuerpo, erizándome la piel, devoramos con fiereza los labios de la otra-. Muérdeme sin temor a arrancarme la vida, porque hace tiempo que dejó de ser sólo mía-susurré en su boca, mordí su labio y la herí un poco, antes de que la herida sanara lamí el rojo líquido que manó-. Dame a beber tu sangre, sé todavía más mía de lo que ya eres.

-Estás loca-sonrió.

-Y me amas, y te esperaré, y nunca más habrá separación. Nunca más, ya fue suficiente. Y te amo.

   Cogió una copa del bar que había en la antesala de la habitación y la puso en la mesita de noche. Tomó mi muñeca y besó el reverso, sus ojos adquirieron ese color rojo que significaba peligro, su pupila se volvió vertical, felina. Soltó mi muñeca y al momento siguiente la tenía encima de mi cuerpo besando mis labios, apretándome más a ella, sentí su calor, la temperatura de su cuerpo subió. Sonreí, como si alguna vez bajara cuando estaba conmigo.
    Mordió mi cuello y grité en éxtasis moviendo mis caderas contra las suyas, succionó mi sangre dándome el placer que una mordida suya conseguía hacer estallar, nos consumimos la una en la otra. 
   Me miró a los ojos mientras mordía su muñeca, se apartó de mí cogiendo la copa de cristal y vertiendo su sangre en ella.

-¿Estás segura?-volvió a preguntar antes de entregármela.

  Le quité la copa sonriendo, y bebí de ella mirando en todo momento a mi amada.
    Al vaciar la copa no pasó nada, no de inmediato, en realidad no sabíamos si funcionaría, no sabíamos si su inmortalidad podía ser compartida porque era la primera vez que lo intentaba. No era como con los Blood Drynka, ella se diferenciaba con creces de ellos por ser quien era: la Diosa Verdadera.
       
-Renunció a nuestro amor por amor a mí y a su familia, no hay en el mundo sacrificio más grande, sacrificio que me dispuse honrar-le dije a Vládimir cuando lo escuché disculparse por lo que vio como una imprudencia-. Entonces sí, es posible que de estar aquí y ver lo que he ayudado a construir la haría sentir orgullosa. Y no te disculpes, no has dicho nada malo.

-Es que por un momento me ha parecido que te ha sentado mal que la nombrara-respondió dejándome salir la primera del elevador de puertas de cristal.

-Qué va, es que no importa cuántos años hayan pasado nunca terminé de acostumbrarme a que está sin estar.

   Salimos a la calle y esperamos a que trajeran su coche. Hacía mucho viento, frío viento de invierno.
-Me da gusto que estés aquí-dijo Vládimir-. Sé que te jode interrumpir tu vida a su lado aún cuando está dormida, pero me hacías falta.-Me conmovió escucharlo decir esas palabras, yo fui parte importante en la crianza de este niño como en la crianza de mi adorada Vit-. Extrañaba el fastidio que eres a veces, tía Faye-añadió riendo.
   Le di un golpecito en el pecho sonriendo, si Sahar viera al estupendo hombre que educó su hermano, si lo hubiese disfrutado como yo desde que era un bebé le habría tomado un cariño inmenso aunque los niños no fueran su fuerte.
    El coche que aparcaron frente a nosotros me robó la atención, en el pasado pertenecería al tipo audi, era de color negro lo que hacía que luciera elegante, como para mí.

-Joder, ¿me dejas conducirlo, Vládi?-le pregunté haciendo pucheros.

-Conozco tu manera de conducir, puedes atropellar gatos y tumbar postes así que....

-Anda, Vlád, mírame, combinamos y todo.

    Vládimir soltó una carcajada y me entregó la llave explicando que este modelo fue fabricado con las características de los coches de antes. Yo sólo escuché blablablabla mientras subía.
    Encendí el motor cuyo sonido fue apenas perceptible, suave, un celestial ronroneo.

-¿Vládi?

-No-dijo de inmediato cuando puse el auto en marcha.

-Todavía no he dicho nada.

-Quieres que te lo preste para ir a Ciudad Palacio.

-¿Perfeccionaste la lectura de mentes antes que yo?

-No, es que te conozco.
-No seas malo con tu tía favorita, por mí sabes lo que es un coño desde los siete.

-Careces de vergüenza, tía.

-La vergüenza es para los imbéciles-contesté.

    Cambié de emisora y luego lo miré.
-¿Entonces en qué quedamos? ¿Me lo prestas o no?-le pregunté.

-¡Al frente, Faye! ¡No quites la vista de la carretera y baja la velocidad!

-Estos bebés no son para conducirlos como si fueras una abuela al frente del volante, cariño.

-Pues casi te llevas a esa abuela por el medio, haz el favor de....

-Ayer le enseñé a disparar a Baby Amanda-comencé a contarle-. No sé si es por ser el clon de Amelia, pero la chiquitina tiene una puntería que da miedo. ¿En cuántos días crees que llegue a Ciudad Palacio si voy conduciendo esta hermosura?

-No te lo prestaré.

-Oh, Vládi, cariño, los dos sabemos que sí lo harás.-Frené aparcando el coche frente a la mansión aguardando a que abrieran las rejas.

-¿Por qué no te apareces allá como lo has venido haciendo?

-Porque andar Saltando por Assiah es peligroso, y quiero disfrutar de las vistas antes de volver.

     Avancé cuando las rejas fueron abiertas, lo miré de reojo.

-Tengo que encontrar a León de Asturias, y obligarlo a que me lleve con Isaak Pendragón, estoy segura de que no se queda en Palacio. Una cosa es firmar un acuerdo de cooperación y otra quedarse en la cueva del lobo feroz-continué después de apagar el coche. Bajé y seguí a Vládimir-. ¿Por qué tomarse atribuciones que no le corresponden? ¿Qué gana?

     Me detuve antes de entrar, di la vuelta y estudié la explanada, sentí que alguien nos observaba.

-Vlád, deberías asegurar la mansión-le sugerí al muchacho.

-La Guardia siempre está vigilando, Faye.

-No lo suficiente, tengo un mal presentimiento.

    Entré y enseguida hizo lo que le sugerí.
    Paloma bajaba las escaleras con un libro en las manos, levantó la mirada de su lectura y sonrió nada más verme.

-¿Qué demonios haces aquí?-preguntó abrazándome.

-Vengo en una misión, no me quedaré mucho-respondí caminando con ella hacia la estancia-. Me he enterado del enamoramiento de Azazel por nuestro chico-dije sentándome en el sofá a su lado.

-Su hija menor y yo pensamos que es algo personal, se ha tomado demasiadas molestias queriendo desprestigiarme-opinó Vládi-. ¿Quieres algo de beber?

-No gracias, quiero comida, cocina ya.-Me puse de pie-. ¿Tienes una buena relación con Ivel Morningstar?

-Respeto mutuo, colaboramos y damos ejemplo de pacífica convivencia, al menos con ella se puede hablar.
-Recuerda que viene de una estirpe de traidores, mentirosos, asesinos, el ambiente en el que creció no le favorece para que se pueda confiar en ella o alguno de sus hermanos. 

-Por Amshel pondría mis manos al fuego-dijo Paloma-. Pero ya ves que no exagero, te he dicho que tengas cuidado, en cualquier momento podría clavarte un puñal por la espalda-le dejó caer a Vládimir.
      Miré a Vládimir, él resopló y salió de la estancia. Paloma y yo fuimos con él.

-No te enfades, son consejos de quienes tuvieron la desgracia de confiar en ellas en un principio para que luego terminaran asesinando a conocidos y familia, estuvieron al frente de un exterminio, conoces la historia de esos días, Vlád. Un día les tienes como amigas y al siguiente te traicionan, lo llevan escrito en el ADN, nunca sabes qué vendrá después, cómo actuarán-parloteé de camino a la cocina.

-Entiendo, tía, no bajo la guardia-aseguró.

   Puso su móvil en el mesón, fue hacia el frigorífico y empezó a sacar los ingredientes que usaría para preparar el almuerzo. Cogí el teléfono al tiempo que hablaba con Paloma, fue fácil buscar en línea las noticias de esa mañana y les eché un vistazo, el móvil tenía una pantalla táctil delgada y transparente, todo él lo era, muy de última generación.

-¿Han visto a su hija?-les pregunté después de leer una noticia sobre el ataque a la hija de la Señora de Arkadia.

-A la adoptiva una vez, a su hija biológica no la muestran en público y además vive en Palacio con su abuelo-respondió Paloma-. Circe la cuida.

-¿Por qué no se encarga Ivel?-La verdad es que cuando estoy en Eurasia me olvido del exterior y no me interesa informarme sobre los acontecimientos ajenos al Imperio austroturco.

-Su padre las alejó-dijo Vládi-. La abuela mencionó una vez que Ivel la ve una vez al mes, visitas marcadas en una agenda.

-Eso es horrible-susurré-. ¿Y qué hay del padre de la niña?

-Él murió, Faye-habló Paloma-. Lideró una resistencia en contra de Azazel, y murió defendiendo a su pueblo de la tiranía del Rey Grigori.

-¿Joshua Murdock está muerto? Eso es imposible, lo último que supe de él era que había despertado Espíritu, el hombre no puede morir. Es hijo de un Spýrito y una descendiente de Nephilim, y lo primero siempre predomina por ser más fuerte, Josh es inmortal como yo, no tiene debilidades. Él nació sin tenerlas, sin poder morir, es como Nina, en todo caso resucita.

-Amelia decía lo mismo, pero no hemos tenido noticias de él y creo que su esposa tampoco-dijo Paloma.

-Es imposible, estoy segura de que sigue con vida, si no ha salido a la luz pública ha de ser por algo que le imposibilita hacerlo. ¿Saben lo especial que es la hija que tuvo con Ivel? ¿Saben lo especial que es él mismo? Ahora sólo puedo pensar en que Azazel lo usó a él en lugar de a su hija para hacer contacto con el Origen.-Di un golpe en el desayunador-. Mierda, si lo hizo de nada habrán servido las acciones de Sahar.

    Vládimir dejó de cortar las verduras.

-Vas a ir a Ciudad Palacio, averigua si lo hizo-dijo el muchacho.

-¿No veríamos algún cambio?-preguntó Paloma-. Circe habría dicho algo.

-No si lo hizo a escondidas de ella-dije pensativa-. ¿Sabes qué, Vlád? Dejemos este almuerzo para luego, partiré ya mismo a Ciudad Palacio para encarar a Pendragón y ver qué información logro sacar sobre Murdock. Me llevo tu coche, nos vemos antes de mi regreso a Eurasia.

    Vládimir no protestó, le di un beso en ambas mejillas a Paloma y lo abracé.

-No le des de baja a la Guardia de la mansión-le aconsejé al Señor-. Lo que sentí al llegar no me gustó para nada.
-Estaré atento a cualquier anormalidad. Nos vemos antes de que regreses a Eurasia, ¡y trae mi coche intacto!

-¡No prometo nada porque no te escuché!-respondí camino a la salida.

    Se sentía bien volver a la acción aunque sólo fuera por poco tiempo, tenía que regresar a Isaak Pendragón al Imperio para que rindiera cuentas ante Rafaella y averiguar qué mierda era esa de que Murdock estaba muerto. No me tragaba esa mentira.
   Miré el anillo de Salomón que llevaba en mi dedo anular de la mano derecha y pensé en Sahar, un obsequio suyo para mi protección y símbolo de nuestro compromiso. 
  Te llevo conmigo siempre, Mi amor, gracias por cuidar mis pasos.
   Defiéndeme de todo mal.